13 razones

Te veo ojerosa cuando caminas mirando al suelo y deberías hacerlo hacia el cielo. Te vistes despacio como si tuvieras prisa porque el día se terminase y aún faltan seis horas para que regreses desgastada, con prisa y sin risa. Te sobra el tiempo que malgastas pensando en los motivos que te quedan; que ni siquiera se adueñan de los dedos de una mano.

Frente al espejo tocándote el cuerpo. Perfecto. Pero lo odias y te odias por odiar algo tan tuyo y de nadie más. Aunque el “nadie” se vuelve relativo en este mundo. Entonces piensas solamente en el agua de tu bañera que rebasa tanto… mucho más de lo que cabe en ella. Y te ahogas.

Te escapas para caminar siempre frente al sol, dejando la sombra atrás porque te recuerda demasiado a ti. Y eres lo que menos te interesa. Te crees rara por ser diferente y quizás sea lo mismo. Te incómoda no poder acertar con las palabras que otro diría en tu lugar. Piensas en ser otra persona porque todos te ignoran. Y cuando te ven asustada y con ganas de hablar, para dar otra oportunidad a la vida, te sonríen primero y después te salpican con sus deseos y malas intenciones. Y te quedas ahí, asustada y vuelves al mismo lugar. Frente al espejo. Te sientes invisible porque nadie te ve, por eso no entiendes cómo tú sí que puedes ver todas tus imperfecciones ancladas en la piel y reflejadas en el espejo.

Necesitas frotar todo lo malo que hay en ti, sin mirarte a los ojos para no descubrir que tú no eres el problema. Que eres perfecta. O imperfecta y que al fin y al cabo eso es lo que te hace maravillosa. Pero te sumerges sin que nadie se dé cuenta.

Y, por fin, miras al cielo pero no puedes verlo porque estás bajo el suelo.

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