Volver I

Relato escrito junto a Víctor Frías. La siguiente historia se compone de varios capítulos y 
surge tras recoger las palabras que nuestros seguidores nos compartieron por Instagram. 
En negrita aparecen las palabras de nuestro reto -incluirlas todas en una historia escrita 
por los dos-.

Capítulo 1. Tristeza

Se despidió del tráfico de Madrid tomando su pastel favorito a los pies de la vía del tren. Esta vez había evitado el coche y quería viajar al pueblo  en locomotora, como cada verano cuando iba a casa de sus abuelos. Era la primera visita en la que su abuela no estaría. La última vez que dejó el pueblo a sus espaldas, también dejó una nueva cruz a la orilla del arroyo junto a la Ermita. Y a un hombre devastado y taciturno despidiendo a su nieta con la mano y a su mujer con el corazón. 

Llegó al amanecer al hogar donde había pasado prácticamente la mitad de su vida. Sus abuelos fueron los únicos que apoyaron su decisión de dejarlo todo y volar hasta Asia para perseguir su sueño. Gracias a aquella aventura consiguió volver a Madrid y establecerse en uno de los mejores edificios de la ciudad como una elegante mujer de negocios. Pero esa es otra historia. En realidad, ella se sentía en deuda porque ellos estuvieron siempre a su lado, especialmente cada vez que llegaba el verano y la feria, y con ella los recuerdos y la tristeza. Estuvieron secando sus lágrimas durante ocho veranos. 

El domingo, tras el cierre de la feria con fuegos artificiales, ella siempre hacía la maleta. Ocho largos veranos donde pasó de adolescente a mujer. Jamás le contó a sus padres la historia de Adib, de hacerlo hubieran puesto el grito en el cielo, no hubieran permitido que su hija se relacionase con inmigrantes. Ni siquiera fue capaz de contárselo tras la insistencia de su madre a que alargara su estancia al menos hasta que terminara agosto. Sin embargo, ella no era capaz de quedarse ni un día más después de la feria. 

Después de esperarlo y que Adib nunca más apareciera, con los años terminó volcando toda su pasión en el trabajo, llegando a ser la primera de su promoción y la ejecutiva más joven de la compañía. De los hombres quiso saber más bien poco, al menos hablando en términos sentimentales. Siempre cortaba las relaciones antes del primer “te quiero” y no creía en el compromiso. ¿Cómo hacerlo si Adib le prometió llamarla amor el resto de su vida y después desapareció? 

El tren paró en seco y sacó a Ainara de sus pensamientos. Pero no por mucho tiempo, en seguida volvió a soñar despierta con Adib y a preguntarse dónde estaría. A pesar de todo no perdía la esperanza. El tiempo que pasaron juntos ahora le parecía efímero, incluso irreal. Su historia fue tan casual como encontrarse un billete en mitad de la calle. Aunque su conexión con el que era vendedor ambulante fue instantánea, desde los primeros dulces que compró hasta el último beso en la oscuridad que les proporcionaba la parte trasera del escenario donde tocaba la orquesta, donde el resto de feriantes tenían sus caravanas y Adib, su hogar también ambulante. 

Ahora, desde su asiento en el tren, recordaba la primera vez que entró en la caravana. Bajo la luz de las estrellas, justo en el momento en que ella tenía más dudas él le susurró al oído…

  • Tus ojazos me paralizan las neuronas.
  • Supercalifragilisticoespialidoso – respondió Ainara-
  • ¿Qué dices? – preguntó Adib, sorprendido.
  • Es mi palabra de seguridad.
  • ¿Y qué es eso?
  • Cuando tengo una pesadilla o un sueño de esos que parecen de verdad, digo esa palabra para comprobar si estoy despierta o soñando. En los sueños, todo continúa como si hubiese dicho algo normal. En la vida real, todo el mundo te preguntaría ¿Qué dices, loca? Igual que has reaccionado tú ahora. Te parecerá una tontería pero me tranquiliza. Al menos ahora que me está pasando lo mejor de mi vida.
  • ¿Y qué es lo mejor de tu vida?
  • Ya lo sabes, idiota, eres tú.

Eres tú, idiota. La frase se repetía en su cabeza. Miraba por la ventana del vagón, en el exterior el mundo pasaba a toda velocidad, casi como sus recuerdos, del mismo modo que sus emociones volvían. ¿Y qué emociones eran esas? ¿La decepción? ¿La tristeza? No estaba segura de eso. 

Su memoria volvió al interior de la caravana y a su primera vez. Lo fue para ella, tal vez no para él, pero eso no le importó, Ainara solo quería conocerle más, llegar hasta su corazón, el lado más íntimo de su alma y la evolución de su relación le invitaba a dar ese paso de un modo natural. Se suponía que debía sentirse insegura, pero eso no ocurría con Adib, a su lado tenía la sensación de que no podía pasarle nada malo. Ainara se dejó llevar.  

Tumbados en la cama se sintieron capaces de hablar de todo, de los sueños de Adib, quien quería ahorrar el dinero suficiente para montar su propia pastelería y por fin establecerse en algún lugar y poder obtener la ciudadanía española. Dejar de ser nómada. Ella se ofreció a casarse con él para que lo consiguiera, pero él se negó.

  • Tengo algo para ti – dijo Adib cambiando de tema. 

Del cajón de una mesita de noche sacó algo que resultó ser una pequeña piedra ovalada de un intenso color azul, moteada de blanco. 

  • Es para ti – dijo Adib mientras se la daba. 
  • Es preciosa – respondió maravillada – ¿qué es? 
  • Es una gema lapizlázuli. Muy apreciada. Lleva muchos años en mi familia. Te ayudará a conectar mejor con el entorno, te aportará serenidad y te ayudará a conseguir lo que deseas. Tienes que conseguir tus propios sueños, ve a la universidad, estudia, persigue tus sueños, no renuncies. Sé independiente, libre, trata de ser útil, de dejar un buen recuerdo, que tu paso por la vida sirva para algo, y tienes que hacerlo con independencia de mí.
  • Pero es que no me interesa nada de todo eso, a mí me interesas tú.

Entonces él se había quedado en silencio, con una expresión incómoda grabada en el rostro. 

Ahora Ainara sabía que renunciar a sus sueños por el primer amor no le habría servido de nada, pero, ¿por qué Adib no había regresado? ¿No estaba interesado en casarse con ella porque no quería cortar sus alas, o, sencillamente, se aprovechó de su falta de experiencia? Cualquiera que fuera la respuesta a ella le partía el corazón. 

¿Era ese el motivo por el cual se marchó? Nunca se lo dijo. ¿Y ella? ¿Había conseguido ser todas esas cosas que él le pedía? No estaba en absoluto segura. ¿Decepción o tristeza? Seguía sin saberlo.

Trató de recuperar recuerdos mejores. Buscó en su memoria y halló algunos. Una sonrisa se dibujó en su rostro cuando rememoró el momento en que le contó a su amiga María que se acostaba con Adib. Ella era la única persona con la que sentía la confianza suficiente para hablar de ciertos temas.

  • Entonces, ¿te has acostado con él? – le preguntó su amiga – ¿y le has visto la polla?
  • ¡Qué cosas preguntas!
  • Pero se la habrás visto ¿no?

Echarse a reír fue su respuesta a la constancia de su amiga en su necesidad de saber todos los detalles, aunque finalmente se los dio, como era de esperar.

Esa risa se asomó a su rostro mientras miraba por la ventanilla del tren. Pero pronto volvió a pensar en el sempiterno sentimiento que no le abandonaba y eso le borró la sonrisa del rostro. Acarició de manera inconsciente la piedra lapizlázuli que ahora pendía de su cuello engarzada en una cadena de plata. Todo aquello le parecía muy antiguo, decimonónico, a pesar de que aquellos sentimientos seguían vivos. Pensar en todo eso hacía que estuviera al borde de la locura potencial, así que cerró los ojos y trató de pensar en otra cosa; en el pueblo, los momentos vividos junto a sus abuelos, los platos que le preparaba su abuela, los canelones incomparables y las croquetas, deliciosas… sintió hambre y deseó que al llegar a casa su abuela hubiera preparado algo bueno. Entonces, la realidad se impuso. Su abuela estaba muerta. De sus ojos cerrados brotó una lágrima que resbaló por su mejilla. La alegría le pareció un sentimiento lejano

 

 

Entradas creadas 38

4 pensamientos en “Volver I

  1. Me ha gustado la descripción de los sentimientos y emociones de Ainara.
    La descripción de ese primer amor, que a todos nos marca, sobre todo en su caso, al no ser lo ella esperaba.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Entradas relacionadas

Comienza escribiendo tu búsqueda y pulsa enter para buscar. Presiona ESC para cancelar.

Volver arriba