Queridos reyes

Casi tan difícil como escribir un género desconocido

lo es lanzarse a vivir sabiendo que caeremos en abismos.

Pero mereció la pena, el lanzarse digo,

a descubrir a qué huelen otros brazos

y echar de menos los abrazos en noches de niebla.

A perseguir miedos, porque de sueños sabemos bastante,

y volamos más altos que ellos, aunque se escapen.

Sin embargo no nos rendimos,

por no poseerlos, ni ser dueñas del destino.

 

Las derrotas son victorias si hay cerveza

para olvidarlas y flotar en banquetas,

en los bares de siempre, riéndonos de las penas.

Convirtiendo las despedidas en nuevos hola, ¿qué tal?

Y dejarnos llevar.

 

No puedo definir la alegría sin escribir tu nombre,

ni recordar otros años que parecen otras vidas.

A deshora, a destiempo, mal y tarde

se nos agolpan los planes y

todo porque nos liamos en cualquier parte.

 

Este año no habrá carta a los reyes

-solo chupitos con sus nombres-

ni me plantearé propósitos,

porque sé que seguiremos sorprendiéndonos

con lo que somos y sumamos;

al haber encontrado felicidad en mares de lágrimas,

de otros ojos, que no veían lo que perdían. 

 

Mientras yo sabía lo que ganaba,

contigo.

 

Lo prometí

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