Muelles en la arena

Estimado Capitán,

La arena blanca de la playa que lleva a un pequeño muelle de madera, desgastado por las olas y las horas, parece anunciar que el fin del mundo se encuentra en el paraíso. Mientras nosotros impasibles por las miradas recorremos cada rincón, sabiendo que el final no está en un océano sino bajo la caja torácica.

Nada permanece inmutable, como aquella pasarela en la que antes atracaban barcos y ahora únicamente acceden gaviotas y pelicanos. Nosotros también cambiamos, nos convertimos en imprescindibles de breves periodos de tiempo cuando a los ojos del otro primero fuimos extraños. Personas que aparecen casualmente una noche de cielo abierto, bajo las estrellas. Otras que se van sin ni siquiera darnos tiempo a conocer aquello que esconden bajo su armadura.

Desearía que en ocasiones los cruces de caminos no fueran perpendiculares, sino que se mantuvieran unidos por un mayor periodo de tiempo. Supongo que la vida es la primera en jugar con nuestras líneas, dibujándolas a su antojo, pero está en nosotros hacer que algunas vuelvan a tocarse entre tanto garabato.

Sin nada más que añadir, me despido.

RebecaMuelles en la arena

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