El café como aroma

La vida está acompañada de bebidas amargas y sus rincones. Cafeterías y hogares. El día empieza con una taza de café con leche. Sigue con el cortado tomado deprisa antes de enfrentarte a un reto en el trabajo. El largo después de una noche sin sueños y de ojos abiertos. El capuchino tras darte el capricho en tu restaurante favorito. Café con hielo mientras disfrutas del buen tiempo. El bombón con gusto. El irlandés para un día duro. Y qué decir del café americano, del macchiato, del doble, el breve, el amaretto, el solo, el hawaiano, el mocha, el affogato, el vienés o el manchado.

Escritores y poetas como Rubén Darío, Julio Cortázar, César Vallejo o Alejandro Dumas alabaron el café por sus dulces besos y amargos recuerdos. Sus mejores libros se han leído con una taza de café en la mano, hasta convertirse en un vicio de cucharaditas que dura toda la vida.

Los mejores amantes se citaron frente a un café, se miraron entre su humo y lo usaron como perfume.

Café como aroma

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