No sé cómo contarte que, en ocasiones, destierro a la ironía y pongo cara seria para asustar a quien venga con prisas de dejarme un maltrecho y agujerearme el pecho. Tantos atropellos en los últimos años que ya no sé vivir sin prisas, atascada en el tráfico de una gran ciudad mientras camino a cielo descubierto. Creciendo en las ruinas de un pequeño paraíso, conquistada por hombres de rifle y bengalas que por cada triunfo se llevan un pedacito de polvo. Como recuerdo recogen piedras de todos mis tropiezos. Y aquí quedo yo desgastándome en cada nueva batalla, deseando que sea él quien ponga su nombre y clave banderas en mis senos. Que construya un refugio en esta tierra fértil tan mía y pinte de fantasía mi cuerpo que ahora ya es, también, un poco suyo.